Leemos “Venecia” de Jan Morris


El club de lectura de paseo por “Venecia” de la mano de Jan Morris

Entrega: 3 de Noviembre

Devolución: 24 de Noviembre

Sinopsis: [páginas 296-398]

Venecia es un lugar de materiales voluptuosos, sus edificios tienen incrustaciones de mármoles y pérfidos diversos, de cipolina, verde antiguo, jaspe, mármol griego, granito pulido y alabastro. Se envuelve en tejidos suaves y seductores, como las sedas que Wagner colgaba en sus dormitorios y los terciopelos, adamascados y satenes que los mercaderes traían de Oriente, en los tiempos en que las delicadezas orientales más fastuosas pasaban por allí envueltas en una nube de especias. Cuando la lluvia riega las fachadas de mármol de la Basílica, hasta las losas parecen cubrirse de un brocado que corta la respiración. Incluso las aguas de Venecia parecen a veces seda recamada, como el suelo de la Piazza, que se diría blando y flexible cuando lo alumbra la luna. Hasta el propio barro es como un seno materno, como ungüento balsámico.

Pero además, el atractivo de Venecia radica también en el movimiento. Venecia ha perdido su encanto sedoso de ensueño, pero su movimiento es todavía tranquilizador y seductor. Sigue siendo una ciudad variopinta, trémula y titilante, donde la luz del sol riela suavemente bajo los puentes y las sombras cambian a lo largo de los paseos. El movimiento de Venecia no tiene nada de brusco ni brutal. La góndola es un vehículo de locomoción hermoso, las embarcaciones más pequeñas del canal avanzan con un delicado staccatato y muchas veces se ve la parte superior de un crucero pasando majestuosamente por detrás de las chimeneas. En Venecia, desde muchos sitios, mirando al otro lado del canal, se ve moverse a la gente un momento por entre los arcos de una arcada y parece que avancen con suavidad, sin esfuerzo; de vez en cuando, una anciana pasa como deslizándose, envuelta en chales negros con borlas; otras veces, un sacerdote pasa en silencio con un revuelo acuoso de sotanas. Las mujeres venecianas se mueven con la gracia de los barcos, mecidas solamente por el suave bamboleo de los tobillos. Los monjes y las monjas de Venecia pasan por las calles fugazmente, sin ruido, como si debajo de los hábitos no tuvieran pies o avanzaran en un práctico estado de levitación. Los policías de la Piazza se pasean con lentitud, sin esfuerzo, magistralmente. Las velas de la laguna dejan pasar los largos días ociosamente, quietas en el horizonte. El sacristán principal de la Basílica, cuando ve a una mujer en pantalones o con vestido sin mangas acercándose al templo, levanta su vara de plata con un ademán de despido magistralmente calmoso y, lentamente, por debajo de la escarapela, sacude de un lado a otro la cabeza del bedel conocedor del mundo. La multitud pulula por las estrechas calles comerciales con una animación relajada y aduladora; en invierno, es agradable sentarse en un bar caldeado y mirar por la ventana el desfile de paraguas, unos altos, otros bajos, que maniobran o se empujan con cortesía buscando su sitio, que suben, bajan o se ladean para encajar entre los demás como un fragmento de mosaico o un engranaje de piñones.

Y, como último análisis, la gloria de Venecia reside en el hecho incontestable de Venecia misma: en la singularidad y el brillo de su historia, en la anchurosa y melancólica laguna que la rodea, en el intrincado esplendor marino que la ha convertido, hasta el día de hoy, en única entre las ciudades. Cuando por fin dejas atrás esas aguas, guardas el sombrero de paja y sales al mar, el hechizo de Venecia se te queda pegado en la mente, el olor a barro, incienso, pescado, tiempo, porquería y terciopelo se te queda pegado a la nariz, el suave chapaleo de los canales secundarios se te queda pegado a los oídos y, vayas donde vayas en tu vida, en alguna parte notarás, por encima del hombro, una presencia rosa, almenada, temblorosa: las cúpulas, las jarcias y los pináculos retorcidos de la Serenísima.

¡Te espera el romanticismo! ¡Te espera el vino oscuro y voluptuoso de Venecia! No te extrañe que el marido de George Eliot se cayera al Gran Canal.


Jan Morris: (Clevedon, Somerset, 1926) Escritora, periodista y viajera británica de amplio reconocimiento internacional. Además de una pródiga carrera en la literatura, fue militar y corresponsal de guerra, y sus innumerables viajes, que trasladó a sus libros, la llevaron a coronar la cima del Everest.

Jan Morris nació varón. Desde muy joven, y tal como ella ha explicado en numerosas ocasiones, se sintió “una mujer atrapada en el cuerpo equivocado”. Estudió en el Lancing College de Sussex. Ya en la adolescencia demostró que le interesaba el periodismo y trabajó para el diario Bristol’s Western Daily News.

En esa época vivió el estallido de la II Guerra Mundial. Decidió alistarse e ingresó en la prestigiosa academia militar británica de Sandhurst. Allí se graduó como oficial de inteligencia y se incorporó al servicio activo en los instantes finales de la contienda. Por aquel entonces James fue destinado a Palestina (bajo mandato de Gran Bretaña durante esos años) e Italia.

Sus años como militar fueron duros, ya que allí tuvo que ocultar que se sentía mujer. Como ha definido en alguna ocasión, “me sentí como un espía en un cortés campo enemigo”. Pero su estancia en el ejército le despertó el instinto viajero al visitar con su regimiento diversas partes del mundo, como Oriente Medio, Malta o Austria.

Permaneció en el ejército hasta 1949. Ingresó entonces en Oxford para estudiar filología inglesa y volvió a las labores periodísticas al participar como editor de la revista de los estudiantes. Ese mismo año se casó con Elizabeth Tuckniss, con quien tendría cinco hijos (uno de ellos fallecería al poco de nacer) y con quien ha compartido toda su vida desde entonces, aunque por ley están divorciados.

Tras finalizar sus estudios en Oxford, Morris entró a trabajar para el prestigioso periódico The Times. El diario le mandó cubrir la expedición de John Hunt al Everest, y Morris se apuntó una de las grandes exclusivas del siglo XX cuando anunció la coronación de la cima en 1953.

Tras este éxito profesional trabajó una temporada en The Guardian. En estos años, y aprovechando su experiencia como corresponsal, empezó a escribir los primeros ensayos y libros de viajes, como The Market in Seleukia o Coronation Everest. Conoció por aquel entonces a personajes tan influyentes como el Che Guevara, el cazador de nazis Simon Wiesenthal o el sultán de Omán, al tiempo que cubriría acontecimientos destacados como el juicio al dirigente nazi Adolf Eichmann en 1961.

Pero a mediados de la década de 1960 abandonó la carrera periodística, ya que consideraba que le había sacado todo el jugo, y decidió dedicarse plenamente a escribir libros. Había obtenido un gran éxito de crítica con el libro de viajes Venecia, por el que recibió el premio Heinemann. Morris siempre ha dicho que la ciudad de los canales es uno de sus lugares preferidos para viajar, la considera una ciudad “con miles de imágenes que cristalizar” y siempre se ha rendido a su aire melancólico de viejo imperio.

Otra de sus grandes obras sobre viajes fue Ciudades, publicada en 1963 y que recogía numerosos artículos publicados en diversas revistas y diarios como Rolling Stone o The New York Times. En 1964 publicó un libro de viajes por España, tras haber recorrido todo el país con su esposa y uno de sus hijos en una furgoneta. Asimismo, fueron los años en los que decidió por fin sentirse bien consigo mismo y realizar el tan ansiado cambio de sexo.

Morris afrontó el reto de cambiar de sexo a la vez que despegaba en su carrera literaria. Comenzó un tratamiento de hormonas de estrógenos a finales de la década de 1960 y recibió el apoyo incondicional de su esposa. Mientras, también comenzó a escribir la trilogía Pax Británica, un ensayo histórico sobre el auge y la caída del Imperio Británico. Sus tres partes fueron publicadas en 1968, 1973 y 1978, respectivamente.

En 1972 pudo someterse a la operación de cambio de sexo. Tuvo que realizarla en Casablanca, Marruecos, ya que los médicos británicos le desaconsejaban hacerla mientras no rompiera la relación con su pareja. Pero Morris se negó a hacerlo, ya que la relación entre ambos era muy buena, y siempre ha agradecido el apoyo que recibió de Elizabeth.

James Morris contactó con el cirujano francés George Burou, un experto de reconocido prestigio en la materia, y aceptó llevar a cabo la operación. A pesar de la dureza de la intervención, que la propia Morris definió como una violación sangrienta, por fin tuvo el cuerpo que desde tan joven había deseado. Cambió su nombre por el de Jan.

Relataría estas experiencias en un libro autobiográfico conmovedor: Conundrum (El enigma, 1974). Su visita a Casablanca, afirmó, fue como la visita a un mago: “Yo me veía como un personaje de cuento de hadas a punto de ser transformado. ¿De pato a cisne? ¿De sapo a príncipe? Era más mágico que cualquiera de aquellas transformaciones, me respondí: de hombre a mujer. Ésa era la última ciudad que vería como hombre”. Sin embargo, no todo el mundo vería con buenos ojos la historia autobiográfica que explicaba, incluidos algunos críticos literarios.

A pesar de estos momentos de incomprensión, Morris supo reponerse y continuó escribiendo. En la década de 1970 siguió con sus relatos sobre viajes, entre los que destaca Lugares, una compilación de ensayos sobre lugares tan diferentes e interesantes como la India, Irlanda, Malta, Capri o Fidji. También continuó con su pasión por Venecia y en 1980 publicó El Imperio veneciano, un repaso al esplendoroso pasado de la ciudad italiana, que tanto fascina a Morris. La década de 1980 le reportó uno de los momentos de mayor creatividad literaria. Publicó Wales: The First Place (1982) y The Matter of Wales (1984) sobre su amada tierra natal, de la que siempre se ha sentido tan orgullosa.

En 1985 dio el salto a la novela, pero sin perder de vista su espíritu viajero. En esa fecha publicó Last Letters from Hav, en la que recreaba una ciudad imaginaria, Hav, que reunía características de los diversos lugares que había visitado a lo largo de su vida y por la que la imaginación de la escritora hacía desfilar a personajes históricos tan dispares como Marco Polo o Adolf Hitler. Veintiún años después publicó una segunda novela también dedicada a este imaginario lugar: Hav.

La historia siempre ha sido una constante en la producción literaria de Morris, y en numerosas ocasiones ésta ha convivido con los relatos de viajes. Buena muestra de esta fusión es Destinations (1980), obra en la que viaja a lugares en momentos de especial relevancia, como por ejemplo Washington durante el Watergate o El Cairo durante los conversaciones de paz entre israelíes y egipcios. Ocho años después publicó Hong Kong, donde volvió a mostrar su interés por los ocasos imperiales, al describir el ambiente de la ciudad asiática cuando la presencia británica se acercaba a su fin.

En un terreno más puramente histórico publicó una biografía del almirante lord Fisher, creador de los acorazados modernos para la Royal Navy, un personaje al que Morris siempre ha admirado porque “no le importaba lo que los demás pensasen de él, era brillante en su oficio, iconoclasta y egocéntrico; la más brillante personalidad de la marina británica desde lord Nelson”. También dedicó una biografía al presidente estadounidense Abraham Lincoln, Lincoln: A Foreigner Quest.

Desde finales de la década de 1990, Morris ha cultivado su pasión por su Gales natal y su cultura. Ha recibido el reconocimiento de sus compatriotas, con sendos doctorados honoris causa por las universidades de Gales y Glamorgan. En ocasiones se ha definido como republicana y nacionalista galesa. En 2002 publicó La casa de una escritora en Gales, donde explicaba su decisión de vivir en la casa rural de sus antepasados y reflexionaba sobre el significado de ser galés. En 2007 publicó Un mundo escrito, una autobiografía a través de estampas recogidas durante medio siglo en el marco de sus viajes por el mundo.

Para más información sobre la autora, se  puede visitar http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/morris_jan.htm

En la biblioteca: Podéis encontrar “Lecciones de olvido” y “Las nueve caras del corazón” de la autora y la revísta “Que leer”

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2 Respuestas a “Leemos “Venecia” de Jan Morris

  1. Me esta costandoooooo, necesito una historia o trama para seguir el libro.
    Saludos a todas.
    Sandra.

  2. Son historietas muy curiosas y con encanto pero….
    Mar nos habla acerca de la escritora y para mí tiene más gancho la biografía que el libro.
    Saludos otra vez.

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