Comentario “Lo bello y lo triste”


Comentario de “Lo bello y lo triste” de la coordinadora del Club

Pasamos a ofreceros el comentario sobre el libro de  Yasunari Kawabata (aquí podéis ampliar así mísmo información sobre el autor) que hemos leído en el Club de Lectura. Dicho comentario ofrecido por nuestra coordinadora refleja así mísmo las contribuciones de todas las participantes en la tertulia. Se agradece que añadáis comentarios en está misma página.

Oki OtokoHemos leído un libro que destila la quintaesencia de la sensibilidad japonesa para lectores occidentales. Creo que puede afirmarse la clara intención del autor para llegar al público occidental en la selección de los paisajes y las anécdotas culturales. Si tradujéramos los paisajes, alimentos y hábitos que aparecen en él, sería un libro costumbrista en términos europeos. Es como si situáramos las escenas del libro en lo más alto de la Sagrada Familia, en la Giralda de Sevilla, o en la puerta del sol de Madrid. Si bien el autor es irónico en cuanto a los extranjeros en el detalle en que los turistas agotan todas sus fotos antes de que el Fuji se muestre con toda su plenitud, afirmando subterfugiamente la superioridad estética de los oriental frente a lo occidental.

La lectura nos sumerge en estampas del Japón más típico: la vista del monte Arashiyama, el paseo nocturno y animado junto al río en Kyoto, los campos de té, los diferentes templos de Kamakura, siendo el texto una sutil guía de viajes. Podemos observar el siguiente detalle: cuando Otoko se da a conocer en la revista local, el autor nos habla de los rincones singulares elegidos por un artista, pero para el resto de los personajes eso no es posible, ellos se ubican en coordenadas perfectamente reconocibles. De lo que deducimos que existe un Kyoto tradicional y lleno de lugares comunes, y un Kyoto que sólo se da a la máxima sensibilidad.

También recibimos una lección introductoria a la lengua japonesa, se nos habla de la belleza de los ideogramas escritos y de como pierden el poder del trazo al pasar a la imprenta, así como la notable diferencia entre el dialecto de Tokyo y de Kyoto. Siendo este tópico sobre los diferentes dialectos uno de los asuntos más socorrido como tema de conversación a la hora de que un japonés hable a un extranjero de cultura. Salvando las diferencias es algo así como hacerle notar a un japonés junto al que nos sentamos en el avión, que en Barcelona se habla catalán y castellano y en Madrid, sólo, castellano.

Todo este derroche estético se traba en una estructura cerrada de tragedia clásica tal como hiciera Lorca en La casa de Bernarda Alba. Obras, ambas en la que la opresión de la atmósfera se vuelve insoportable y atenazante de forma que solo puede terminar en la muerte de uno de los personajes. Así el libro acontece en una atmósfera húmeda e inquietante, donde el sudor, la lluvia, el lago etc… emanan la honda tristeza de la historia.

Si hubiera que hablar de un tema predominante en el libro éste sería la imposibilidad de la comunicación humana: lo inefable de la historia de los corazones, que solo pueden, en este caso, hacerse entender a través del arte: la novela en el caso de Oki, la pintura en el caso de Otoko y Keiko a través de los llamativos estampados en su kimono. Se nos presenta un cosmos de relaciones del matrimonio entre Oki y su esposa en el que se abre una falla: la temprana historia de amor entre Otoko y Oki, y como esa historia termina abruptamente cuando muere la criatura que alumbra Otoko. Hay toda una institución (el matrimonio) que no debe tambalearse ni cuestionarse, aun cuando las pasiones subterráneas estén en conocimiento de todos y sean incapaces de enderezar su historia personal. Keiko va a remover con su pasión, espontaneidad y carácter el pantano inmóvil de estos recuerdos. Parece que la mueva una sed de venganza, pero también la necesidad de escribir una historia trágica para ella, de entrar en el mundo de los adultos con el estigma de un secreto o un acto réprobo que tardará toda una vida en purificar. La piedra angular de este cosmos de secretos son los celos y como cada personajes lidia con ellos. La mujer de Oki calculando fríamente cual es la posición social que le compensa, Keiko de forma activista y destructiva, Oki remarcando su hombría frente a su hijo y Otoko horrorizándose. Los celos como la revelación horrible de la inseguridad de poseer al ser amado.

Hablando de obras del mismo autor recomendaría en la línea del erotismo del libro: La casa de las bellas durmientes, y para el que se incline por el ambiente doméstico entre la mujer y Oki -esa cocina que recibe la simbólica e inesperada visita de las ratas- la novela El rumor de la montaña. Personalmente creo que es un texto muy logrado en la atmósfera y estructura, muy interesante el personaje vibrante y contradictorio de keiko, que trasluce una clara intención del autor de ser considerado entre el público occidental.

Espero que lo hayáis disfrutado y que redescubráis nuevos elementos en próximas relecturas. Yo observaría la sublimación de la recuerdos dolorosos en cada uno (Otoko obsesionada por las reverberaciones de su propia imagen, Oki eligiendo la narración de los mejores recuerdos) y la belleza de todos los lugares que describe en el texto.

 !Hasta el próximo libro!

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2 Respuestas a “Comentario “Lo bello y lo triste”

  1. Marisa Albeniz

    Creo que es un libro escrito para occidentales por lo tópicos que describe. Pero está bien para introducirnos en la cultura japonesa, ya que si leemos algún libro verdaderamente escrito por y para japoneses, tal vez no captaríamos parte del sentido. Es un poco como las descripciones que se hacen en “Memorias de una Gheisa”,escrito por occidental, o en “El abanico de seda”, escrito por una mujer con raices europeas y chinas (Lisa See), en este caso cultura china, y libro que recomiendo. Por otro lado no encuentro demasiado erostismo en la novela, y por supuesto es una historia de celos que debe tener un final trágico.

  2. He leído los libros que recomiendas tanto en “Memorias de una Geisha” como en “El abanico de seda” y me hago eco de la recomendación. “El abanico de seda” me llamaba la atención por todo lo que tiene que ver con la escritura y el lenguaje exclusivo que compartían las mujeres y que no conocían los hombres, así como las relaciones femeninas de amistad, familiares etc que se desarrollan en el relato. De “Memorias de una geisha” destaco los ambientes, las descripciones de vestuarios, peinados, habitaciones, estudios, y hasta calzado de las “sufridas” Geishas así como las evoluciones en el tiempo de los personajes y de una cultura llamada a casi desaparecer.

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